lunes, 29 de abril de 2019

Los Profezionalez del Triatlón

Cuando me dio por apuntarme a los triatlones en 2011 después de ver imágenes de campeonatos y series mundiales con tíos super fuertes con marcapaquete, camisetas y bicis convencionales de ciclismo en carretera; no era consciente de que por aquel entonces las cosas ya estaban empezando a cambiar.

Me dijeron que necesitaba por lo menos un mono... El que yo tenía... Y me gasté 70 pavos de 2011 en uno... El mismo que si me sigue estando bueno usaré para el próximo triatlón de Sevilla. Aunque, la verdad, como me aprieta tanto los genitales, y con la caló que puede hacer en Sevilla el próximo 17 de mayo, me parece a mí que el mono (que está remendado con hilo verde después de que se rajara al salir volando de la bici en el tri de Ayamonte de 2012 ó 2013) se va a quedar en casa.

Loz profezionalez del triatlón de Sevilla no reparan en gastos. Bicicletas más caras que lo que cuesta mi coche, entrenadores personales, dietas estrictas, suplementos, super planes de entrenamiento y entretenimiento; unas veces solos, otras con colegas; parientas al borde de un ataque de nervios, planificación extra fina de la temporada, estudios meticulosos de los circuitos (curvas baches, estrategias de equipo).

Lógicamente, lo más sensato es buscar asesoramiento y escoger un buen cluz.

Pero el que se lleva la palma, nunca mejor dicho, es el míster. El míster dirige los entrenamientos, busca financiación... espónsores, dirige el organigrama del cluz, da ánimos, hace entrevistas, da visibilidad a este deporte, aconseja sobre cuál es el mejor neopreno, planifica el calendario.

Porque nada mejor que el deporte profezional en equipo. Se pasa mu bien... cervecitas, quedadas, barbacoas, autobús, giras por toda España, se conoce gente.

Al final de las carreras hay fraternidad. Abrazos, besos, merecida recompensa al duro sacrificio de ser un profezional. Ascensos de categoría. Visibilidad, fondos, obras de caridad.

Ahora os voy a contar otra película. Cuando he ido a un triatlón en Málaga, Huelva, Cádiz o Córdoba; me he levantado a las 5 de la mañana. Me he preparado el desayuno (nunca nadie lo ha hecho por mí). Nadie me ha dado un masaje la noche antes ni durante el viaje porque he dormido solo y he conducido solo en mi C3 y no en Bus ni Fregoneta. He cargao con la bici (una del montón) y demás parafernalia yo solito. He parao a echar gasolina y estirar las piernas por el camino. He llegao y buscao aparcamiento sin que nadie me espere porque no soy profezional ni conozco peña. He tenío que buscar el dorsal, enterarme de dónde está la salida, de si la meta está en el mismo sitio, de si hay que dejar la bici y coger un bus. He tenío que buscar en bar y desayunar otra vez. He tenío que buscar un sitio donde ponerme el puñetero mono... y con un poco de suerte me ha quedao media hora pa relajarme un poco antes de la salida. En ocasiones he llegao tan quemao, que he preferío salir el último en la natación pa que no me muelan a base de palos y me ahoguen. Por eso, me siento tan orgulloso de estar en forma y tener salud de hierro para terminar un triatlón, muchas veces andando, y quedar en el percentil 75. Porque, para no ser profezional, creo que lo hago de puta madre.





Loz profezionalez del triatlón de Sevilla no reparan en gastos. Bicicletas más caras que lo que cuesta mi coche, entrenadores personales, dietas estrictas, suplementos, super planes de entrenamiento y entretenimiento; unas veces solos, otras con colegas; parientas al borde de un ataque de nervios, planificación extra fina de la temporada, estudios meticulosos de los circuitos (curvas baches, estrategias de equipo).

Lógicamente, lo más sensato es buscar asesoramiento y escoger un buen cluz.

Pero el que se lleva la palma, nunca mejor dicho, es el míster. El míster dirige los entrenamientos, busca financiación... espónsores, dirige el organigrama del cluz, da ánimos, hace entrevistas, da visibilidad a este deporte, aconseja sobre cuál es el mejor neopreno, planifica el calendario.

Porque nada mejor que el deporte profezional en equipo. Se pasa mu bien... cervecitas, quedadas, barbacoas, autobús, giras por toda España, se conoce gente.

Al final de las carreras hay fraternidad. Abrazos, besos, merecida recompensa al duro sacrificio de ser un profezional. Ascensos de categoría. Visibilidad, fondos, obras de caridad.

Ahora os voy a contar otra película. Cuando he ido a un triatlón en Málaga, Huelva, Cádiz o Córdoba; me he levantado a las 5 de la mañana. Me he preparado el desayuno (nunca nadie lo ha hecho por mí). Nadie me ha dado un masaje la noche antes ni durante el viaje porque he dormido solo y he conducido solo en mi C3 y no en Bus ni Fregoneta. He cargao con la bici (una del montón) y demás parafernalia yo solito. He parao a echar gasolina y estirar las piernas por el camino. He llegao y buscao aparcamiento sin que nadie me espere porque no soy profezional ni conozco peña. He tenío que buscar el dorsal, enterarme de dónde está la salida, de si la meta está en el mismo sitio, de si hay que dejar la bici y coger un bus. He tenío que buscar en bar y desayunar otra vez. He tenío que buscar un sitio donde ponerme el puñetero mono... y con un poco de suerte me ha quedao media hora pa relajarme un poco antes de la salida. En ocasiones he llegao tan quemao, que he preferío salir el último en la natación pa que no me muelan a base de palos y me ahoguen. Por eso, me siento tan orgulloso de estar en forma y tener salud de hierro para terminar un triatlón, muchas veces andando, y quedar en el percentil 75. Porque, para no ser profezional, creo que lo hago de puta madre.



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