lunes, 7 de agosto de 2017

La noche 1004

En cemen i Sevilla, Micky Mouse estaba al timón. Lo agarraba con todas sus fuerzas de pequeño ratón, pero la espuma de las olas le salpicaba la cara.

El barco hacía tiempo ya que renqueaba.

Tenía el encargo de llevarlo a buen puerto. Y Mickey luchaba por ello.

Le dejaron una tripulación plagada de corsarios.

Un brumete sintió simpatía por él y trató de ayudarlo. Era el más rápido atando cabos. Mickey se lo agradecía una y otra vez.

Algunos malvados tripulantes pronto sintieron envidia. Temían que sus fechorías y lujuria terminasen.

Por ello se dedicaron a cotillear y marujear; buscando una manera de arruinar la vida de Simbad.

Convencieron incluso a Mickey de que Simbad era un peligro. El pobre y diminuto ratoncillo Mickey agachó la cabeza. Simbad estaba en la pasarela. Él sabía que tarde o temprano esto llegaría. Ya le había pasado antes. El malvado jefe de los corsarios (don jopé) trató de tirarlo dos veces por la borda antes. Fue en verano de 2011 cuando estuvo enamorado de una doncella a la que capturaron en el puerto de Capas. También el verano anterior cuando Simbad trató de entrar en camarotes "prohibidos" del barco.

¿Conseguirá nuestro valiente aventurero safarse de nuevo de las sucias intenciones de don jopé y su banda de desarmados e ineptos mercenarios?

Simbad sabía que no estaba sólo. Aunque todos lo redeaban y miraban con ojos rojos mientras le hacían avanzar por la cochambrosa pasarela de madera, conservaba buenos amigos dentro de la nave. Amigos con los que compartió momentos entrañables de juegos de mesa y también de habilidad.

Además, estaba curtido en mil batallas y se anticipaba con destreza a las intenciones de los maleantes.

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