viernes, 14 de abril de 2017

Por Vejer y el Palmar (14 de abril de 2017)

Hoy lo he pasado muy bien en la playa jugando con las olas. Los primeros días de las vacaciones de Semana Santa no estuvieron mal, pero no me animaba tanto a coger olas (bodysurf o lo que es lo mismo bañarse en la playa). La mayor parte del tiempo estaba sentado en la toalla dedicándome a la contemplación, que en la playa no está nada mal. Pero ver toda la playa llena de surfistas me producía tristeza. Ocurre en casi todas las playas de Cádiz e incluso Huelva. Donde hay unas cuantas olas, ahí están.

Quizás se pueda compartir el espacio, es cuestión de aprender. Pero me siento extraño sin la tabla y el neopreno. No quiero decir que me gustaría llevarlos. A mí me gusta más sentirme dentro de la ola y creo que es un ejercicio el del bodysurf muy completo.

En fin, ahora daré una vuelta por Vejer, que mañana regreso a Sevilla.

Pagar las consecuencias

Lleva tiempo darse cuenta de las consecuencias de los actos cometidos en los momentos de locura. Se dicen o hacen cosas sin pensar en el daño que pueden causar; en ocasiones auténticas barbaridades producto de la falta de juicio. Se pierden amistades o complicidades. Con razón, personas que antes confiaban en ti o te apreciaban dejan de hacerlo.
No es difícil percibir cómo los gestos cambian y cómo toda la maldad que tuviste se vuelve en tu contra, no con maldad de la otra persona, sino con el deterioro de las relaciones.
El mundo se te viene encima y el alma se llena de dolor.
No salen las palabras ni resulta sencillo o acaso posible reparar el daño.
Sólo queda la esperanza de que el tiempo cure las heridas y te de la oportunidad de arreglar las cosas aunque sea sólo un poco.