domingo, 1 de enero de 2017

Feliz año

Escribo con el móvil, con la aplicación para android de blogger. Tirado en la cama y escuchando los petardazos y cohetazos que durarán hasta las tantas. Hago balance del 2016. Un año en el que he pasado otra vez de la depresión a la euforia y vuelta a la depresión. La verdad es que ha habido muy buenos momentos, de diversión. Afortunadamente la dichosa "enfermedad" no ha interferido con mi trabajo.

Me quejo ahora de mi estado de forma y de mi soledad, esa que no me abandona. Disfruto de los momentos en familia, de mis padres, hermanos, cuñados y sobrinos. Disfruto de tardes de cine los fines de semana; también yendo a nadar o leyendo un buen libro antes de dormir; o dando un paseo y tomando un café.

Tengo un buen trabajo y buen sueldo, aunque no sea fijo no tengo malas perspectivas.

Y el amor. ¡Ay! Resulta que hace muy poco he aprendido que el amor más grande es el que deja ir al ser amado. Ése es el amor más valiente. Son tantas veces las que la recuerdo... y algunas las que lo he intentado. Pero he fracasado. ¿Qué le vamos a hacer? He deambulado creyendo que había esperanzas. Incluso he creído haberla visto en más de una ocasión. Como Don Quijote tras su Dulcinea. Pero no puedo pretender ser como Don Quijote. No soy tan valiente y espero no estar tan loco aunque a veces me haya vuelto. Eso sí, como dice Manuel Carrasco, esa mujer necesita ser libre. Yo seguiré esperando al amor con esperanza, que es lo último que se pierde.

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