viernes, 18 de agosto de 2017

Luchad

Luchad por vuestros derechos. Esos que las multinacionales y los políticos degenerados y marionetas os pisotean. Luchad contra los enemigos. Los que llamáis enemigos de Dios. Luchad exigiendo educación allá donde os encontréis. Contra los que roban la inocencia de vuestros hijos. Luchad contra el que quiere aprovecharse de vosotros limpiándoos el cerebro. Sí. Eso es lo que hacen. Luchad uniéndoos a los que quieren que las cosas cambien para bien. Allá donde estéis. Sin importar el credo. Por los derechos aquí en occidente. Y allí en oriente. Luchad por la familia. Por vuestros vecinos. Sin importar el credo.

Pero recordad, igual de miserable es el que tira una bomba que el autor intelectual de una masacre como la de hoy. Los mismos intereses sibilinos les mueven. El mismo afán de control. La misma perversión. La misma degeneración. La misma ambición. La misma perversión. Son iguales. Son los mismos. Son los de arriba. Sin importar el credo. No es una guerra por religión. No es racismo. Es esclavitud. Es querer quitarnos la inocencia. Es querer viciarnos a los de abajo. Atad cabos. No os dejéis engañar.

sábado, 12 de agosto de 2017

Me desvelo

Son las 3.15 am. Estoy en una pensión de carreteras de un pueblo en la periferia de una gran ciudad del sur de Andalucía. Frente al apeadero de autobuses, frente a la comisaría de la policía local.

Unas voces extrangeras me han despertado.

Bajo y me pido un vaso de leche caliente (vaso de tubo). Me siento discretamente a unos 5 metros. Parecen rumanos por el acento. Grandes jarras de cerveza. Estado de embriaguez. No notan mi presencia. Aspecto de pendencieros. Una lata de cocacola pisada en las inmediaciones. Chavales de 15 años sentados en bancos próximos a la estación. Hay que estar alerta.

Pues eso... atando cabos. Casos abiertos...

jueves, 10 de agosto de 2017

Quince días en la playa

Nada como 15 días en la playa para quedarse uno como nuevo.

Las chicas solteras, las chicas casadas, las miraditas, me pongo las gafas de sol, me las quito, me pica el brazo, me pica el pie, juego con la arena..., el fútbol playa, el bodysurf, el café en el chiringuito, la conquista del hueco en la arena, pongo la sombrilla,  el levante la tira, se me cae la botella, ya hay arena por todas partes...

Y por fin puedo relajarme. Leo, escucho música. Me olvido de que salir de noche da miedo.Para eso está la playa y la escuela de calor. En fin..., ¿a que me voy a Marruecos para nunca volver?  -También hay buenas playas y tengo la esperanza de que las calles, los bares, los kioskos y hasta un banco de un parque no están vendidos...; y las mujeres sí que tienen el poder.

martes, 8 de agosto de 2017

Delitos sin tipificar

Una chica de barrio sale de pasar la noche en una pensión de carretera.

Está triste y con ojos vidriosos. Morena azabache. Cuerpo de guitarra española. Guapa! y elegante. ¿23? ¿24 años?

La acompaña un tipo de unos 50. Delgado, desaliñado. Con vestimenta playera, hortera y gigante tatuaje de dragón en una pierna. Cubata en mano en vaso ancho. Son las 8 y media de la mañana... A pesar de su vestimenta no se puede ocultar su origen de buena familia. Anillo de oro gigantesco en anular derecho.

Se despiden. Dos fríos besos.

Pues eso... delitos sin tipificar.

lunes, 7 de agosto de 2017

La noche 1004

En cemen i Sevilla, Micky Mouse estaba al timón. Lo agarraba con todas sus fuerzas de pequeño ratón, pero la espuma de las olas le salpicaba la cara.

El barco hacía tiempo ya que renqueaba.

Tenía el encargo de llevarlo a buen puerto. Y Mickey luchaba por ello.

Le dejaron una tripulación plagada de corsarios.

Un brumete sintió simpatía por él y trató de ayudarlo. Era el más rápido atando cabos. Mickey se lo agradecía una y otra vez.

Algunos malvados tripulantes pronto sintieron envidia. Temían que sus fechorías y lujuria terminasen.

Por ello se dedicaron a cotillear y marujear; buscando una manera de arruinar la vida de Simbad.

Convencieron incluso a Mickey de que Simbad era un peligro. El pobre y diminuto ratoncillo Mickey agachó la cabeza. Simbad estaba en la pasarela. Él sabía que tarde o temprano esto llegaría. Ya le había pasado antes. El malvado jefe de los corsarios (don jopé) trató de tirarlo dos veces por la borda antes. Fue en verano de 2011 cuando estuvo enamorado de una doncella a la que capturaron en el puerto de Capas. También el verano anterior cuando Simbad trató de entrar en camarotes "prohibidos" del barco.

¿Conseguirá nuestro valiente aventurero safarse de nuevo de las sucias intenciones de don jopé y su banda de desarmados e ineptos mercenarios?

Simbad sabía que no estaba sólo. Aunque todos lo redeaban y miraban con ojos rojos mientras le hacían avanzar por la cochambrosa pasarela de madera, conservaba buenos amigos dentro de la nave. Amigos con los que compartió momentos entrañables de juegos de mesa y también de habilidad.

Además, estaba curtido en mil batallas y se anticipaba con destreza a las intenciones de los maleantes.

....

jueves, 1 de junio de 2017

Necesito noches en vela

Para pensar. Para resolver problemas. Para enfadarme conmigo mismo, y con el mundo. Para perdonarme. Para perdonar. Para llorar. Para renacer. Para crear. Para volver a respirar hondo. Para sentirme mejor.

¿Me oís? Necesito ser libre en esta celda

sábado, 27 de mayo de 2017

Aprender

Miro al mar. Son casi las 7. No pienso. O mejor dicho: no quiero pensar. Porque si pienso, ¿cómo olvidar?, ¿cómo seguir el consejo?. Que no sólo uno me dió haciendo rabiar mi pasión. Pero debe haber solución a la locura. Debe haber cura. Ahora me salen versos. No lo pretendía. Hace mucho que no me salían. Y no fueron muy atinados. Es peligroso creerse poeta.

Cura habrá. Pero no será el olvidar. Será el comprender. Será tropezar con ella (con la cura quiero decir). Será dejar de ser tan torpe. Será aprender.

viernes, 14 de abril de 2017

Por Vejer y el Palmar (14 de abril de 2017)

Hoy lo he pasado muy bien en la playa jugando con las olas. Los primeros días de las vacaciones de Semana Santa no estuvieron mal, pero no me animaba tanto a coger olas (bodysurf o lo que es lo mismo bañarse en la playa). La mayor parte del tiempo estaba sentado en la toalla dedicándome a la contemplación, que en la playa no está nada mal. Pero ver toda la playa llena de surfistas me producía tristeza. Ocurre en casi todas las playas de Cádiz e incluso Huelva. Donde hay unas cuantas olas, ahí están.

Quizás se pueda compartir el espacio, es cuestión de aprender. Pero me siento extraño sin la tabla y el neopreno. No quiero decir que me gustaría llevarlos. A mí me gusta más sentirme dentro de la ola y creo que es un ejercicio el del bodysurf muy completo.

En fin, ahora daré una vuelta por Vejer, que mañana regreso a Sevilla.

Pagar las consecuencias

Lleva tiempo darse cuenta de las consecuencias de los actos cometidos en los momentos de locura. Se dicen o hacen cosas sin pensar en el daño que pueden causar; en ocasiones auténticas barbaridades producto de la falta de juicio. Se pierden amistades o complicidades. Con razón, personas que antes confiaban en ti o te apreciaban dejan de hacerlo.
No es difícil percibir cómo los gestos cambian y cómo toda la maldad que tuviste se vuelve en tu contra, no con maldad de la otra persona, sino con el deterioro de las relaciones.
El mundo se te viene encima y el alma se llena de dolor.
No salen las palabras ni resulta sencillo o acaso posible reparar el daño.
Sólo queda la esperanza de que el tiempo cure las heridas y te de la oportunidad de arreglar las cosas aunque sea sólo un poco.

lunes, 9 de enero de 2017

Empezar de nuevo

Ayer por la tarde regresé al pueblo en el que trabajo este año. Se acabaron las vacaciones de navidad que he pasado en familia, disfrutando de su compañía, de las buenas comidas y de los paseos por el centro de Sevilla.

Cuando iba a acostarme me sentí hundido. Vuelta a madrugar y a estar sólo por las tardes.

Esta misma tarde, después de nadar y hacer la compra llegué a casa y me dije a mí mismo que esto tiene que cambiar. Así que he dado una vuelta por el pueblo. He estado por calles por las que antes no había pasado y he visto un par de bares con veladores cubiertos, junto a calefactores, en los que se podía fumar. He entrado en uno de ellos. Tenía buenas tapas. He pedido un café cortado descafeinado con sacarina y me he liado un cigarrillo.

Entonces me he dado cuenta de cuáles fueron las circunstancias que hará cosa de un año me hicieron salir de la depresión en la que también entonces me encontraba.

Encontré por aquel entonces un bar tipo taberna en el pueblo en el que estuve con personajes curiosos. Algunos británicos que vivían allí permanentemente con los que practiqué hablando en inglés y otros personajes del pueblo con los que me eché algunas risas. En ese pueblo había también otro bar donde veía los partidos de fútbol y conversaba con otros habitantes del pueblo. Esto me animó.

Hoy, al estar sentado en el bar de este nuevo pueblo he pensado que quizás éste u otro sitio de este pueblo me ayuden a animarme, a ambientarme y dejar de sentirme tan solo. Hoy siento que hay un poco de esperanza en volver a ser feliz.

domingo, 1 de enero de 2017

Feliz año

Escribo con el móvil, con la aplicación para android de blogger. Tirado en la cama y escuchando los petardazos y cohetazos que durarán hasta las tantas. Hago balance del 2016. Un año en el que he pasado otra vez de la depresión a la euforia y vuelta a la depresión. La verdad es que ha habido muy buenos momentos, de diversión. Afortunadamente la dichosa "enfermedad" no ha interferido con mi trabajo.

Me quejo ahora de mi estado de forma y de mi soledad, esa que no me abandona. Disfruto de los momentos en familia, de mis padres, hermanos, cuñados y sobrinos. Disfruto de tardes de cine los fines de semana; también yendo a nadar o leyendo un buen libro antes de dormir; o dando un paseo y tomando un café.

Tengo un buen trabajo y buen sueldo, aunque no sea fijo no tengo malas perspectivas.

Y el amor. ¡Ay! Resulta que hace muy poco he aprendido que el amor más grande es el que deja ir al ser amado. Ése es el amor más valiente. Son tantas veces las que la recuerdo... y algunas las que lo he intentado. Pero he fracasado. ¿Qué le vamos a hacer? He deambulado creyendo que había esperanzas. Incluso he creído haberla visto en más de una ocasión. Como Don Quijote tras su Dulcinea. Pero no puedo pretender ser como Don Quijote. No soy tan valiente y espero no estar tan loco aunque a veces me haya vuelto. Eso sí, como dice Manuel Carrasco, esa mujer necesita ser libre. Yo seguiré esperando al amor con esperanza, que es lo último que se pierde.