sábado, 9 de marzo de 2013

¿Qué pasó en Londres? (Parte 1)

Febrero de 2009. Andaba yo correteando por esas calles y avenidas de un Londres infinito. Un Londres que no cabe en ninguna mente humana o en ningún cerebro y sistema nervioso humano para ser más preciso. Así se lo comenté a un taxista de allí que reía mientras su gps y su prodigiosa memoria me llevaban a mi destino. Pero la historía comienza cuando bajé del avión el 1 de Febrero de 2009 y empezaron a caer los primeros copos de nieve, de una ventisca que dejaría la ciudad paralizada los siguientes días . Creo que desde ese momento entré en un estado de ensoñación. Compré el ticket para el Standsted Express. Me quedé con el recibo y olvidé el ticket en la máquina. Un chico me avisó y me lo dio. Intenté darle las gracias pero tenía demasiada prisa y sólo hizo gestos de no pasa nada, no tienes que agradecérmelo. Pronto descubrí que en Londres la vida transcurre a toda velocidad. Llegué a la preciosa estación de tren de Liverpool street y allí saqué el ticket para la central line que me dejaría en la estación de Mile End, un distrito al este de Londres donde se encontraba el campus de Mile End, de la Queen Mary University. Una universidad coqueta y particular donde, por poner un ejemplo, la escuela de artes se encuentra al lado de la de Ingeniería Electrónica. Un pequeño paraíso para estudiantes de primeros cursos con apartamentos modernos y bien equipados, con restaurantes, supermecados, cafeterías, gimnasio y más servicios en los alrededores.

Cuando salí de la estación de metro la calle estaba vacía. No sabía en que dirección tenía que ir. Mi brazo y todo mi cuerpo empezaban a resentirse. Cargaba con una maleta con la manilla rota, con el portatil y con una bolsa de deporte también llena de ropa. A duras penas llegué a la puerta del campus. Acerté a encontrar el French House donde me alojaría. Una de las residencias para profesores y alumnos del campus. Me presenté en recepción donde estudiantes trabajan para sacar algo de dinero y me dieron una llave unida a una tarjeta. El inglés que se habla en Londres es casi un suspiro. Me atrevería a decir que es má difícil que el chino. Apenas si vocalizan y hablan muy rápido. Así, que sin entender muy bien lo que me dijeron me dispuse a abrir la puerta del bloque de apartamentos. Pero, ¿y la cerradura? Una sonriente estudiante rubia cogió la llave y me mostró que esa puerta se abría por contacto.

Llegué al apartamento y se me olvidó el cansancio al ver un recibidor más grande que mi habitació (por aquel entonces vivía con mis padres) una impoluta habitación con cama doble, el salón, la cocina bien equipada y el salón. La incertidumbre desapareció. Me tiré en la cama para tomar aire y pensé que los próximos 45 días serían los mejores de mi vida; y, aunque no fueron 45 sino 90, no me equivoqué en absoluto. Las vistas  eran fabulosas. El campus nevado con estudiantes haciendo batallas de bolas de nieve, el Canary Wharf por un lado y el edificio Gherkin por otro. Era una tercera planta y me atrevería a decir que era el apartamento mejor situado.




....continuará




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