jueves, 21 de marzo de 2013

La normalidad revisitada. Normality reloaded.

Hace tiempo que no escribo nada. Me siento plano, sin ideas y sin energía. Miro atrás y me asombro de la cantidad de "aventuras" que he vivido en los últimos 5 meses. Lo he pasado muy bien durante los  momentos de desinhibición. Me he reído y comunicado con mucha gente. He sentido que alcanzaba la felicidad.

He practicado mucho deporte. En todas mis fases de manía lo he hecho. No me canso. Nado, corro, cojo la bici, juego al fútbol y al baloncesto... pero ahora no aguanto tanto y añoro esa vitalidad. También he estado inspirado; mi mente no dejaba de tener ideas. Era optimista y no tenía miedo a nada.

Ahora las cosas parecen diferentes. Miro atrás y pienso que algunas de las cosas que he hecho o dicho han sido demasiado extravagantes y me han llevado a tener problemas y a incomodar a personas a las que quiero.  Además, hay quien ha aprovechado para inventar rumores terribles sobre mí en el club deportivo del que era socio.

Imagino que todo el potencial que puedo  desarrollar es difícil de manejar. Como si pasara de conducir un seat 600 a un ferrari y me saliera de la carretera. Me pregunto si algún día podré estabilizarme en un estado en el que pueda controlar cuándo ir rápido y cuándo desacio, porque no vivo solo en el mundo ni soy la norma.

El deporte sigue siendo mi vía de escape. He participado en dos triatlones más, en Punta Umbría (a la que me acompañó un amigo) y en Málaga. En estos dos últimos no he hecho payasadas antes o durante la carrera, pero me he divertido y he vivido sensaciones muy agradables. No diría que me encuentro deprimido ahora porque hay cosas en el día a día que me hacen sentir bien.

Ahora tengo una rutina de trabajo y deporte con la que me encuentro cómodo. A veces me siento solo, pero así me he sentido  casi toda mi vida. Las relaciones sociales siempre han sido una asgnatura pendiente para mí y es inútil esforzarse para cambiar esto. Prefiero aceptarlo y empezar por llevarme bien conmigo mismo.

martes, 19 de marzo de 2013

Triunfo de la fe - Triumph of faith

Jesus Navas wore Antonio Puerta's tshirt on underneath. Torres served a good pass. Iniesta took a step back to exit offside. Cesc looks for the hollow to pass. Iniesta was not alone with the ball. The goalkeeper touched it. Iniesta showed Dani Jarque's tshirt. 
Jesús Navas llevaba la camiseta de Puerta. Torres dio un buen pase. Iniesta da un paso atrás para salir del fuera de juego. Cesc busca el hueco para el pase. Iniesta no estaba sólo con el balón. El portero la toca. Llevaba la camiseta de Jarque.

No le dieron el balón de oro. No le hace falta.
He was not given the golden ball. He does not need that.

martes, 12 de marzo de 2013

Punto de no retorno.

Bueno, después de mucho resistir y de mucho denunciar las brutalidades, vejaciones o intereses económicos de la psiquiatría, tengo que decir que hay psiquiatras buenos y malos; tanto de actitud como de aptitud. Me ha costado mucho. Pero no me arrepiento de mi lucha ni de la inmensa mayoría de los pasos que di, ni cambiaré el nombre del blog, porque queda mucho por hacer... y deshacer. Quedan muchas tragedias por evitar, sufrimientos encerrados en lágrimas y lágrimas que se agrían dentro.

Pero queda amor, queda paz en las almas, en las conciencias. Queda penitencia y luz. Siguen la voluntades despiertas y todos respiramos el mismo incienso que nos transporta a lo más sagrado de nuestro ser y de nuestro mundo; de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestras personas queridas.

Pero sobre todo, todos tenemos mucho que pensar en lo que ocurre muy cerca, demasiado. Demasiado cerca para que nuestros sentidos no sangren y rieguen la tierra. Esa tierra; esta tierra, que tanto bueno le ha dado al mundo.

En ocasiones veo señales.

Me asomo al balcón para fumar un purito de montecristo y saborear todo lo bueno que el día de hoy (o ayer, porque ya ha pasado la media noche y las campanas de la Iglesia de Santa María Magdalena hace doce minutos que dio las doce). En rockfm suena yesterday de guns and roses y no se por qué :p me acuerdo de nuestros amigos los portugeses. Ahora suena stand by me de ben e king. Ay!, que me vuelvo a subir por las ramas y se me olvida que escribir es mi mejor terapia.

¡Ay! cuándo será mía y yo suyo esa maría magdalena que quiero pero no puedo olvidar.

Y de repente escucho un bello susurro. Un canto de sirena. Me giro descaradamente y veo una rubia preciosa. Una chica de esas por la que se quemaría la fortuna más grande de este diminuto mundo. Habla por su teléfono móvil con el que parece ser su novio y pienso en la dulce condena que a ese chico, sea quien sea, le ha caído.

Por unos segundos ella desaparece de mis pensamientos, como si yo hubiera entrado en otra dimensión... pero ojalá, ojalá que pudiera escaparme tan fácilmente cuando se quiere con tanta fuerza y esperanza. No, en cuanto esa chica del móvil desaparece de mi vista sólo la veo a ella y suena en mi cabeza un tal Silvio Rodríguez.

Pero sé que es una sana obsesión, o un agradable capricho, o un bonito anhelo que me da fuerzas para luchar contra mi mundo día a día.

¡Ay! sí yame he prohibido pronunciar tu nombre y sólo lo puedo hacer en sueños.

Y si ella supiera la energía que dos años después sigue llenándome, como la pleamar en una larga noche de diciembre con luna llena.

Pero me toca ir a galeras a remar con un tal manolito garcía......
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¿Continuará?






sábado, 9 de marzo de 2013

¿Qué pasó en Londres? (Parte 1)

Febrero de 2009. Andaba yo correteando por esas calles y avenidas de un Londres infinito. Un Londres que no cabe en ninguna mente humana o en ningún cerebro y sistema nervioso humano para ser más preciso. Así se lo comenté a un taxista de allí que reía mientras su gps y su prodigiosa memoria me llevaban a mi destino. Pero la historía comienza cuando bajé del avión el 1 de Febrero de 2009 y empezaron a caer los primeros copos de nieve, de una ventisca que dejaría la ciudad paralizada los siguientes días . Creo que desde ese momento entré en un estado de ensoñación. Compré el ticket para el Standsted Express. Me quedé con el recibo y olvidé el ticket en la máquina. Un chico me avisó y me lo dio. Intenté darle las gracias pero tenía demasiada prisa y sólo hizo gestos de no pasa nada, no tienes que agradecérmelo. Pronto descubrí que en Londres la vida transcurre a toda velocidad. Llegué a la preciosa estación de tren de Liverpool street y allí saqué el ticket para la central line que me dejaría en la estación de Mile End, un distrito al este de Londres donde se encontraba el campus de Mile End, de la Queen Mary University. Una universidad coqueta y particular donde, por poner un ejemplo, la escuela de artes se encuentra al lado de la de Ingeniería Electrónica. Un pequeño paraíso para estudiantes de primeros cursos con apartamentos modernos y bien equipados, con restaurantes, supermecados, cafeterías, gimnasio y más servicios en los alrededores.

Cuando salí de la estación de metro la calle estaba vacía. No sabía en que dirección tenía que ir. Mi brazo y todo mi cuerpo empezaban a resentirse. Cargaba con una maleta con la manilla rota, con el portatil y con una bolsa de deporte también llena de ropa. A duras penas llegué a la puerta del campus. Acerté a encontrar el French House donde me alojaría. Una de las residencias para profesores y alumnos del campus. Me presenté en recepción donde estudiantes trabajan para sacar algo de dinero y me dieron una llave unida a una tarjeta. El inglés que se habla en Londres es casi un suspiro. Me atrevería a decir que es má difícil que el chino. Apenas si vocalizan y hablan muy rápido. Así, que sin entender muy bien lo que me dijeron me dispuse a abrir la puerta del bloque de apartamentos. Pero, ¿y la cerradura? Una sonriente estudiante rubia cogió la llave y me mostró que esa puerta se abría por contacto.

Llegué al apartamento y se me olvidó el cansancio al ver un recibidor más grande que mi habitació (por aquel entonces vivía con mis padres) una impoluta habitación con cama doble, el salón, la cocina bien equipada y el salón. La incertidumbre desapareció. Me tiré en la cama para tomar aire y pensé que los próximos 45 días serían los mejores de mi vida; y, aunque no fueron 45 sino 90, no me equivoqué en absoluto. Las vistas  eran fabulosas. El campus nevado con estudiantes haciendo batallas de bolas de nieve, el Canary Wharf por un lado y el edificio Gherkin por otro. Era una tercera planta y me atrevería a decir que era el apartamento mejor situado.




....continuará