sábado, 26 de noviembre de 2011

Una noche en Mazagón (2ª p arte)

Viene de la parte i

...Afortunadamente entro en un tienda de comestibles, compro una botella grande de AQUARIUS. Pregunto a una mujer por dónde están los excursionistas.... y resulta que ella era una de ellas. Me presenta a su marido y a los demás aventureros: dos chicas muy guapas (creo que solteras), una parejita de novios muy acaramelados y otros tres chavales muy simpáticos. Nos repartimos los 10 entre tres coches. A mí me tocó en el asiento de atrás del coche con el matrimonio. En el camino no dejamos de charlar de todo un poco. Se me hizo muy agradable. En la autovía, el coche de los chavales se puso en paralelo al nuestro y uno de ellos mostraba un espectacular canuto. Todos reímos.


Ya en la playa, cargamos con las neveras, sombrillas, toldos y sillas. Recorrimos un buen trecho para  evitar la zona más poblada de la playa. Se hace de noche. mientras unos montan el toldo, yo me dedico a tirar basura y plásticos abandonados.

Algunos valientes nos lanzamos al agua. Hay algo de oleaje y aprovecho para "bodisurfear".


Lo  que ocurrió a partir de entonces debe estar disperso por mi cerebro, cerebelo, espina dorsal y el resto de mi sistema nervioso.

Sin poder controlarlo, me convierto en una especie de caja de Pandora de las ocurrencias que hacían reír a todos. Encontré el escenario perfecto para canalizar la energía que un estado de ánimo "maníaco" necesita.


Damos un paseo por la orilla del mar. Había nubes y claros que dejaban ver el manto de estrellas y finalmente la luna.


Al regresar, vuelta a reír sin parar (al menos yo). Una de las chicas no reía tanto. Me pregunto qué se esconde, qué hay tras ese mutismo que llega a ser seductor.

Nos dormimos después de cenar. Por la mañana fui el primero en levantarme. Me dedico a hacer deporte; correr acompañando a corredores solitarios e incluso intento un poco de escalada por las arenosas "montañas" tras las que se oculta esta playa espectacular.

Poco a poco van despertándose. Yo no estoy quieto un instante, juego al tenis, aprendo a volar la cometa... Después del almuerzo voy a comprar cerveza. Es lo mínimo que podía hacer después de haber probado las exqusitesen de mis compañeros (yo sólo llevaba galletas y platanos) y el buen rato que estaba pasando. En el camino de vuelta entre el quiosco y el "campamento" iba negociando con algunas familias: ¡una cerveza fresquita a cambio de un pincho de tortilla, ¡o de un filete empanao! Me lo dan gratis.

En fin, podría seguir con más anécdotas pero no las encuentro ordenadas entre mis neuronas. Fue tal el volumen de estímulos que los recuerdos de esa excursión parecen un bola de ropa sacada de la lavadora.

Espero ver pronto a estos aventureros con los que compartí uno de los mejores momentos de mi vida, si es que ellos tienen el valor de invitarme :P.

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