domingo, 4 de septiembre de 2011

Crónica del triatlón de Ayamonte

Ha sido fantástico, emocionante, inspirador. Otra experiencia que nunca olvidaré. Esta vez no he tenido que madrugar. A la 1 de la tarde salgo de casa con dos mochilas y la bici. Cojo la de montaña porque la de carretera es de una talla muy grande para mí, pero no he tenido tiempo de venderla y comprar una más pequeña. Voy escuchando a Ozzy Osbourne en el coche.

Había quedado con mi tía, que vive en Ayamonte y a las 2 y media lleguo y la veo. Me invita a comer en su casa pero yo llevo un bocadillo y me lo como allí. Me da dos latas de aquarius que me vienen muy bien. Me despido y a las 4 de la tarde llego a la zona de boxes, en el barrio de la Canela. Doy algunas vueltas con la bici para calentar y tengo un accidente. Un coche se echa a la derecha e invade el carril bici. Intento adelantarlo por la izquierda y en ese momento hace un giro brusco y no puedo esquivarlo. Salgo volando y doy una vuelta por el suelo. Me hago heridas superficiales en manos, brazos y piernas pero me levanto de un brinco y le digo que estoy bien al conductor que está asustado. La rueda delantera de la bici y el manillar quedan doblados. El mundo se me viene encima. ¿Cómo voy a participar? Me dirijo a la zona de boxes a preguntar si alguien me puede prestar una bici. Dejo la bici en un rincón y doy vueltas por la zona pero no tengo éxito. Con los ojos medio llorosos vuelvo a mi pobre bici y se me ocurre algo. Desmonto la rueda y me pongo a saltar sobre ella hasta dejarla lo más derecha posible. Como los frenos son de disco, rueda bien, aunque no se disimula el vaivén, que luego en la carrera hará sonreír a los espectadores.

Un hombre (Rafa), al que doy mil gracias, me ofrece la bici de su hija para participar, pero es demasiado pequeña y no voy equilibrado, así que decido usar la mía. Rafa me ayuda a poner derecho el manillar con la llave de allen. ¡¡¡Bien!!!, puedo participar.

Antes de la salida no puedo evitar alguna payasada como siempre. Hay una rubia guapísima, parece una princesa. Nada más que por verla a ella y a otras chicas y mujeres guapas ya compensa el esfuerzo.

El tramo de natación es durísimo. El río Guadiana, cerca de su desembocadura es salado, pero con una corriente fortísima que empuja hacia la orilla. Alcanzar la primera bolla se hace casi imposible y la organización nos dice que vayamos a la segunda. Después, esto será motivo de "guasa" y risa entre todos los participantes.

Durante la carrera con la bici tengo otra caída. Me quedo mirando las gaviotas que vuelan majestuosamente (me recuerdan a uno de mis libros favoritos, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach). Me despisto y tropiezo con el bordillo. Vuelvo a salir volando y doy dos vueltas por el suelo. Me levanto otra vez como un resorte y tranquilizo a otros ciclistas diciéndoles que estoy bien.

Cuando los espectadores me animan, aprovecho para saludarlos y me pongo de pie en la bici para apretar o doy zancadas más largas en la carrera a pie. Son ánimos que realmente te ayudan.

Termino la carrera corriendo al máximo que puedo entre ánimos de un chaval, exprimiendo mis fuerzas. Aunque sea de los últimos (o el último, no lo sé aún) el momento de cruzar la línea de meta es un momento de alegría. Me bebo dos cocacolas y me como dos peras.

Durante la entrega de trofeos aprovecho para estirar y disfrutar de la puesta de sol, la media luna y las gaviotas e incluso una cigueña.

Cuando termina todo, me doy un paseo y me fumo un cigarrillo (sólo fumo uno al día y de liar, sin aditivos), me ayuda a relajar el sistema nervioso. Miro al cielo y doy gracias a Dios por lo fantástico que ha sido todo.

Regreso a casa escuchando a The Cramberries. Siento que ha sido una experiencia maravillosa. Mañana me voy a Chipiona a pasar unos días. Espero encontrar más momentos como éstos que curan las heridas del alma y hacen que me enamore de la vida.

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1 comentario:

  1. Me ha divertido mucho la historia de la segunda caida. Te imagino mirando las gaviotas. Eres la ostia..jejejeje. Tengo ganas de ir a un triatlon contigo. Seguro que nos divertimos.

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