viernes, 9 de septiembre de 2011

En el término medio está la virtud.

Es algo que decía Aristóteles y que recuerdo desde las clases de COU.

Los pájaros vuelan alto a veces, pero saben que no pueden vivir siempre así. Necesitan volver a la tierra o al mar para alimentarse. Los humanos también necesitamos volar a veces y soñar despiertos.

Todo en exceso es malo: el alcohol, el café, fumar... A las autoridades les asustan determinadas drogas como el cannabis, y sin embargo permiten la publicidad encubierta del alcohol en series de TV y películas donde se asocia su consumo con el éxito, con jóvenes independientes, a la moda y seguros de sí mismos. Es penoso ver a adolescentes bebiendo en las calles y desperdiciando su tiempo y talento.

El tabaco ha sido una droga manipulada por las autoridades. Primero permitiendo su adulteración y después prohibiéndolo en espacios públicos. Tanto el tabaco como el alcohol o el cannabis pueden ser beneficiosos en pequeñas dosis y sin adulteración. De la misma manera que el café fue perseguido en diferentes culturas por las autoridades; por facilitar la reunión e intercambio de ideas de intelectuales que podría dar lugar a conspiraciones contra los gobiernos, ahora se prohibe el tabaco en espacios públicos y se ilegaliza el cannabis en lugar de perseguir su adulteración o de concienciar a los jóvenes sobre un uso responsable del alcohol; que es una droga para nada blanda.

Desafortunadamente, los políticos gobiernan bajo la dictadura de los grupos de presión y nos hacen creer que tenemos una democracia. Nos manipulan a través de los medios de comunicación. Deciden qué drogas son legales y convierten a los ciudadanos en súbditos con estilos de vida normalizados y adaptados a sus intereses.

A los que nos volvemos locos y "volamos alto" se nos caza y se nos pone la etiqueta de "enfermos mentales" para así desacreditarnos y de paso hacer caja y experimentos.

Cada individuo debe seguir un camino en esta vida, descubrir sus límites y encontrar el equilibrio por sí mismo, sin la intervención de curanderos al servicio del estado.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Chipiona

Chipiona es una ciudad. Es una infinidad de rincones preciosos; de bares con historia, de plazas llenas de flores, de lugares con encanto.

Es más que su santuario de la Virgen de Regla y su impresionante faro. Es la hermosa iglesia de Nuestra Señora de la O. Es la calle Isaac Peral (Sierpes para .los Sevillanos), llena de bazares y bares y de turistas. Es la plaza de Andalucía, el Castillo de Marielo, el puerto deportivo, el mercado y la lonja. Es el Castillito, los personajes que en él habitan y su mosto.

Son kilómetros de playa. La playa del Camarón es la más solitaria, donde uno se encuentra consigo mismo. Recuerdo a una chica preciosa, Azahara. ¿Qué habrá sido de ella?

La playa de Regla es la playa de las familias, donde no cabe un alfiler. La playa de la Cruz del Mar es la playa del pueblo, del casco antiguo, de los chipioneros. Sus corrales son restos del ingenio de los romanos y todavía se usan hoy para capturar peces raya y chocos.

Sus aguas son milagrosas, llenas de yodo. Sanan las heridas de la piel. Su colección de puestas de sol únicas, regalos de Dios que sanan el alma.

Chipiona son sus fiestas. Los carnavales en invierno y la feria en Septiembre. He tenido el gusto de ver las actuaciones de flamenco junto al santuario.

Es su paseo marítimo, con vistas a los barcos que van y vienen desde el Guadalquivir, o a las dunas del Coto de Doñana. Por el paseo marítimo se camina sereno, respirando el viento cálido de levante o fresco de poniente.

Para mí, Chipiona es el recuerdo de miles de momentos felices junto a mi familia. De cenas opíparas con postre incluído. Recuerdos de días de oleaje en los que no quería salir del agua. De jugar a las palas con mi hermana o al fútbol en la playa.

Recuerdos de torneos de ajedrez en los que daba rienda suelta a mi locura y entre un movimiento y otro me dedicaba a jugar al fútbol o a charlar dicharacheramente con cualquiera.

Chipiona es un lugar mágico, un lugar al que siempre querré volver y que siempre amaré.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Crónica del triatlón de Ayamonte

Ha sido fantástico, emocionante, inspirador. Otra experiencia que nunca olvidaré. Esta vez no he tenido que madrugar. A la 1 de la tarde salgo de casa con dos mochilas y la bici. Cojo la de montaña porque la de carretera es de una talla muy grande para mí, pero no he tenido tiempo de venderla y comprar una más pequeña. Voy escuchando a Ozzy Osbourne en el coche.

Había quedado con mi tía, que vive en Ayamonte y a las 2 y media lleguo y la veo. Me invita a comer en su casa pero yo llevo un bocadillo y me lo como allí. Me da dos latas de aquarius que me vienen muy bien. Me despido y a las 4 de la tarde llego a la zona de boxes, en el barrio de la Canela. Doy algunas vueltas con la bici para calentar y tengo un accidente. Un coche se echa a la derecha e invade el carril bici. Intento adelantarlo por la izquierda y en ese momento hace un giro brusco y no puedo esquivarlo. Salgo volando y doy una vuelta por el suelo. Me hago heridas superficiales en manos, brazos y piernas pero me levanto de un brinco y le digo que estoy bien al conductor que está asustado. La rueda delantera de la bici y el manillar quedan doblados. El mundo se me viene encima. ¿Cómo voy a participar? Me dirijo a la zona de boxes a preguntar si alguien me puede prestar una bici. Dejo la bici en un rincón y doy vueltas por la zona pero no tengo éxito. Con los ojos medio llorosos vuelvo a mi pobre bici y se me ocurre algo. Desmonto la rueda y me pongo a saltar sobre ella hasta dejarla lo más derecha posible. Como los frenos son de disco, rueda bien, aunque no se disimula el vaivén, que luego en la carrera hará sonreír a los espectadores.

Un hombre (Rafa), al que doy mil gracias, me ofrece la bici de su hija para participar, pero es demasiado pequeña y no voy equilibrado, así que decido usar la mía. Rafa me ayuda a poner derecho el manillar con la llave de allen. ¡¡¡Bien!!!, puedo participar.

Antes de la salida no puedo evitar alguna payasada como siempre. Hay una rubia guapísima, parece una princesa. Nada más que por verla a ella y a otras chicas y mujeres guapas ya compensa el esfuerzo.

El tramo de natación es durísimo. El río Guadiana, cerca de su desembocadura es salado, pero con una corriente fortísima que empuja hacia la orilla. Alcanzar la primera bolla se hace casi imposible y la organización nos dice que vayamos a la segunda. Después, esto será motivo de "guasa" y risa entre todos los participantes.

Durante la carrera con la bici tengo otra caída. Me quedo mirando las gaviotas que vuelan majestuosamente (me recuerdan a uno de mis libros favoritos, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach). Me despisto y tropiezo con el bordillo. Vuelvo a salir volando y doy dos vueltas por el suelo. Me levanto otra vez como un resorte y tranquilizo a otros ciclistas diciéndoles que estoy bien.

Cuando los espectadores me animan, aprovecho para saludarlos y me pongo de pie en la bici para apretar o doy zancadas más largas en la carrera a pie. Son ánimos que realmente te ayudan.

Termino la carrera corriendo al máximo que puedo entre ánimos de un chaval, exprimiendo mis fuerzas. Aunque sea de los últimos (o el último, no lo sé aún) el momento de cruzar la línea de meta es un momento de alegría. Me bebo dos cocacolas y me como dos peras.

Durante la entrega de trofeos aprovecho para estirar y disfrutar de la puesta de sol, la media luna y las gaviotas e incluso una cigueña.

Cuando termina todo, me doy un paseo y me fumo un cigarrillo (sólo fumo uno al día y de liar, sin aditivos), me ayuda a relajar el sistema nervioso. Miro al cielo y doy gracias a Dios por lo fantástico que ha sido todo.

Regreso a casa escuchando a The Cramberries. Siento que ha sido una experiencia maravillosa. Mañana me voy a Chipiona a pasar unos días. Espero encontrar más momentos como éstos que curan las heridas del alma y hacen que me enamore de la vida.

Te interesa la crónica del triatlón de la Sierra de Aracena

viernes, 2 de septiembre de 2011

Levantando el vuelo

No es fácil. Los pajaritos tienen que tropezar muchas veces antes de consolidar el vuelo. Eso me ha pasado a mí; muchas veces, pero además he tenido que lidiar con cazadores, con coleccionistas y con otros pajarracos.

Ahora tengo otra oportunidad. Tengo un gran reto por delante. A corto plazo, tengo un par de triatlones (mañana mismo en Ayamonte y el día 25 en Punta Umbría) y unas minivaciones en solitario de 5 días en Chipiona (del 4 al 9).

He salido del hospital hace una semana. He estado tres veces ingresado, una media de 20 días cada una en los últimos tres meses.

Mi día a día ahora es caótico. Pero los problemas de caos y orden no son nuevos para mí. Es algo que he estudiado en la carrera.

Me levanto a las 8 de la mañana y bebo de la botella de leche medio litro. Salgo a hacer algo de deporte, a correr o a jugar al baloncesto en el parque. Otros días he ido directamente al trabajo. Allí me siento seguro rodeado de los compañeros. Lo paso bien en la comida, o cuando tomo café con ellos; me vuelvo dicharachero. Después voy a nadar o al gimnasio, donde no puedo evitar alguna payasada al ver a los venteañeros entrenando como profesionales.

Pero las noches son duras. Llego a casa y enciendo la tele. Veo "La 2". Hace tiempo que estoy desconectado de las noticias. Me informo a través de facebook, de las publicaciones de los indignados. Me hago de cenar, un arroz tres delicias congelado o un bocadillo, una ensalada de frutas, a veces caen varios postres del mercadona... Después me fumo un cigarrillo en el balcón (sólo uno al día y de liar). Tengo una vecina que es muy guapa, pero tiene pareja. Me siento en fuera de juego, como en aquel juego infantil en el que para la música y uno de los que dan vueltas se queda sin asiento. ¿Ya no se juega a eso?

Me conecto a internet. "Bicheo" por el facebook mientras veo alguna pelicula o documental. A eso de las 10pm salgo a dar una vuelta. Unas veces andando y otras con la bicicleta. Pero cuando la ciudad duerme me quedo solo como la una y viene el bajón. Menos mal que cada día la locura vuelve a empezar...

La religión y otras guerras.

Unos dicen que amor y que pongamos la otra mejilla. Otros que fe y que hay que luchar contra los indecisos. Casi todos coinciden en que hay una guerra con dos generales; uno Bueno y otro malo, con sus soldados y lacayos.

¿Pero no se da cuenta nadie de por aquí de lo violento que es este planteamiento? ¿Es que no se va a acabar nunca?

Conlleva miedo y viene del miedo. Y guerra y viene de nuestra naturaleza salvaje. Porque, al fin y al cabo, la religión la hemos creado nosotros. Y es que parece verdad que el bien y el mal no se pueden separar porque están muy juntos, dentro de cada uno de nosotros.

Afortunadamente hay también amor y respeto. La guerra ha comenzado y nadie se ha enterado, porque también hay miedo, esa maldita enfermedad; ignorancia que es también depresión. Y destilan el odio. Y todo está dentro de nosotros.

No se trata de molinos ni tampoco de un Quijote, pero algo se templa...

Tampoco es cuestión de venganza sino de justicia. Porque la venganza es como el fuego, muy difícil de parar y nos ciega.

¿Leones enfermos mentales?

¿Habéis visto alguna vez a una leona con su camada?. Seguro que sí. La leona cansada mira como sus cachorros juegan a pelearse. Ella no tiene fuerzas ya para poner orden, mientras sus cachorros no dejan de jugar como locos, preparándose para lo que les espera.

Cualquiera diría que los leones están locos, que son esquizofrénicos o bipolares.

Todas las enfermedades de los humanos parecen tener réplica en animales: ratas, ratones, moscas, primates... Sin embargo, en el caso de la "enfermedad mental" las cobayas somos los propios seres humanos.

Vivimos en un mundo competitivo, como los leones. La competencia empieza en la propia familia. Para algunos individuos que nos desviamos de la norma y enloquecemos a nuestra manera (porque todos nos volvemos locos a veces) este mundo cruel tiene su particular medicina. A los que hemos vivido bajo tensiones y situaciones caóticas, y la ruleta rusa de la vida nos ha deparado una explosión, se nos intenta "curar" a la fuerza negándonos el derecho a la independencia y al desarrollo natural de nuestra personalidad. Se nos enjaula y se nos droga hasta volvernos sumisos.

En mi caso, ya no hay marcha atrás. Mis convicciones y mi fe en mi mismose han hecho más fuerte con cada palo que he recibido.

Te interesa  El rival más debil.

Ronald D. Laing (Glasgow 1927 - 1989)
Publicación en el país de su fallecimiento en 1989

Theodore Lidz (N. York 1911 - 2001)

LIBRE