martes, 30 de agosto de 2011

Orden y caos.

La psiquiatría actual es puro orden. Los psiquiatras, especialmente en los centros de internamiento (llámense ahora hospitales y no cárceles), suelen vestir de un blanco impoluto. Algunos son seres casi etéreos; me hacen gracia los más jovencitos (y también alguno mayor que no tienen ya solución) que se comportan como terminators, como agentes Smith que flotan ante un "enfermo" al que se trata como a un delincuente o animal, que no tiene derecho a ponerse de "mala leche" y "liarla" un poco (poniendo nerviosos a celadores, enfermeros y a los propios psiquitras) cuando lleva un mes retenido contra su voluntad.

A diferencia de los "enfermos mentales", a los que los psiquiatras imponen el orden y los buenos hábitos como vía para lograr la estabilidad (no sanación, porque eso resulta que no es posible, porque dicen que la "enfermedad mental" es como una diabetes), los seres humanos necesitamos de momentos de caos (véase  Una noche en Mazagón) para mantener la cordura.

Así pues, habrá que recurrir a estudios estadísticos fiables (no como los que los psiquiatras que se meten a científicos para viajar en primera clase hacen) y a la resolución de ecuaciones diferenciales para determinar que la psiquiatría actual carece de utilidad práctica; más allá de la de deshumanizar y convertir a seres humanos en "enfermos mentales" y enriquecer a las farmaceúticas norteamericanas.

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