martes, 12 de julio de 2011

Sed

Tengo sed. ¿No os dáis cuenta? Soy un náufrago tendido en una playa desierta, que despierta cuando el agua fría del mar vuelve a mojar su cabeza.

Tengo sed. Necesito alguien que me de agua o enfrentarme a un montón de nativos desconocidos que pueden destriparme.

¿Podré hacerlo?, ¿podré hacer frente a su desconfianza?, ¿entenderán algo de lo que les digo?, ¿mostrarán interés?, ¿querrán darme de beber e invitarme a unirme a sus costumbres?

Durante un rato, me quedo en el suelo y me duermo, deseando morir y despertar en otro planeta. Afortunadamente, conservo mi casio f-91w; el mejor reloj del mundo en relación calidad-precio, que me despierta a la 1 am con un pi-pi que me recuerda a cuando en el colegio, en la antigua EGB, todos teníamos uno igual y los sicronizábamos para volver loco al profesor.

Es de noche, pero la luna llena; o casi llena; ilumina poderosamente la playa. El agua está revuelta. Muy revuelta. Si ayer no hubiera estado en calma, hoy no estaría donde estoy. Doy gracias al cielo. A quien quiera que esté ahí arriba jugando con nosotros como si fuésemos cachorrillos de leones a los que se satisface con un dedo en la barriguita... ¡Me c... en toda su p... m...!, y comienzo a reírme como Bruce Willis cuando le parten la cara y encima le dan otra h...

Camino un poco para quitarme de en medio. Cualquiera puede verme ahora andando por la playa con está luna tan grande. Encuentro cobijo debajo de una palmera, en la arena seca, rodeado de arbustos. No parece haber nadie alrededor. Es curioso. Ahora me alegro de estar solo... Me duermo, con mucha, mucha mucha sed.

El cántico de los pájaros me despierta. Abro los ojos y veo las ramas de la palmera moverse suavemente y su tronco retorcerse. Se escucha el delicioso sonido del viento entre sus ramas. Alguna nube suelta pasa velozmente dando sombra y volviendo a dejar al rey sol hacer su trabajo.

Por la noche debió haber llovido sin que me enterara, porque la arena parece salpicada de gotas de lluvia. Esto me da ánimos y fuerzas. Como si me sometieran a una descarga eléctrica, con la garganta y el cuerpo secos, me siento una rama caída de un árbol y me levanto de una salto. Me pregunto de dónde ha salido esa energía habiendome sentido acabado ayer.

El sitio es precioso. Un paraíso. Me pregunto si estoy vivo o muerto. Me invaden complejas teorías sobre física cuántica, neurogénesis, transdiferenciación neuronal, teología, teleología, historia, geología, ecología y muchas, pero que muchas obras de arte y palabras de poetas que en mi vida anterior estaban bajo mantas o polvorientas. Recuerdo la serie Fringe y otras obras de ciencia ficción y creo que me vuelvo completamente loco; y al mismo tiempo me río pensando en lo gilip... que son muchos de los psiquiatras que creen saber mucho.

Pienso en los cocos. Los cocos dan todo lo que el náufrago necesita como primera fuente de energía. Algún sabio los puso hace mucho ahí. Sólo tengo que subirme a una palmera o lanzarle piedras para que caiga uno. elijo el más vistoso y bajo que veo. Si algún sabio los puso ahí, me preguntó por qué los puso tan alto. Pronto encuentro la respuesta: nada en esta vida se nos da gratis. Todo cuesta y todo exceso tendrá mañana que pasarnos factura de la misma manera que todo esfuerzo nos será recompensado.

Empiezo a lansar piedras pero el coco está muy tranquilo ahí colgado. No quiere ser parte de mí. A veces tengo que parar y tenderme en la sombra pensando que de nuevo voy a acabar ahí. ¿Cuántas vidas me quedan y cuántas he vivido ya?  Vuelvo a reírme, esta vez seguro de que he superado todos mis límites y que voy abriéndome camino.

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