lunes, 11 de julio de 2011

La comunidad.

Vivimos en un mundo un poco loco. Queremos construir una gran civilización. Queremos que todo el mundo esté unido como decía Lennon. La forma en que los políticos intentan esta proeza es simplemente una aberración. Tratan de imponer leyes internacionales (otros simplemente tiran bombas para matar a fantasmas). Cualquier filólogo sabe que cada idioma es un pequeño universo. Cuando se redactan las leyes, ¿quién decide el idioma original y quiénes son los traductores?. ¿Cuál es el idioma universal?

Recuerdo que hace más de 15 años, la unión entre países de un mismo continente era un sueño. Entusiasmados, los ciudadanos seguían a sus políticos que, por pura ignorancia, creían que les daban lo mejor, que los protegían y guardaban y montaban a hombros de gigantes para protegerlos de otros gigantes. Los gigantes simplemente no existen. Es todo mentira.

La unión de todo el mundo bajo la bandera de la paz y el amor debe comenzar con la unión entre hermanos, entre vecinos. Más aún, con la unión del propio yo. La prosperidad no es ningún sueño inalcanzable ni utopía. Es un fin que está al alcance de nuestras manos. Muy cerca. Sin embargo, la estupidez humana es inmensa y nuestra fe en los iconos y faroles del consumismo nos ciega y algunos no disfrutan de las maravillas de la naturaleza y del propio ser humano.

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