sábado, 9 de julio de 2011

Esperanza.

Salgo a merodear. A caminar lentamente por el centro. A cruzarme con miradas descansadas y alegres de turistas. Mujeres bellas. Ciudad más bella aún. No quiero volver a casa. Quiero más. Más grupos de extranjeros alborotadores. La ciudad, el centro, la catedral, la giralda se iluminan para ellos. Yo me camuflo y combato mi soledad. No quiero volver a casa y pensar en ella. Me siento en un banco a ver la giralda o me meto en un bar y pido un zumo. Me siento agusto. A veces hasta encuentro antiguos compañeros. Mi pasado es confuso para ellos. Conocen mis dos caras y a pesar de sus buenas intenciones; estoy tan solo... y sólo puedo darles las gracias por seguir ahí a pesar de los momentos de desplante.

La media luna es el sol de la media noche. Parece como si no se moviera mientras se camina por el laberinto de calles; se hace eterna su presencia y me hace recordarla. No sé si evitar los callejones desde los que la veo. A veces quiero olvidarla. Lo he intentado muchas veces desde que me tropecé con ella la primera vez; a veces casi hasta lograrlo, pero su presencia es un veneno muy fuerte para mí. Casi puedo sentir en las venas que necesito más, que espero que la semana comience para tener mi dosis.

Mujeres bellas, quizás alguna sea la que me cure; la que tenga un antídoto o una poción mágica como en los cuentos de princesas...; o quizás sea ella.

No lo sé. Sólo el tiempo, el viento, la lluvia, las mareas, los pájaros, los caminos, las piedras... marcarán el destino y darán sentido a esta esperanza que me llena el corazón y la vida.

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