miércoles, 6 de julio de 2011

Resumen de los dos primeros meses.

Después de dos meses, es un buen momento para recapitular.

Empecé este blog con firmes convicciones: no soy, ni en general somos enfermos de ningún tipo. En la mayoría de los casos (a excepción de algunos casos de esquizofrenia grave que he podido ver en mis ingresos) somos personas que tienen heridas y que requieren de atención. Es entonces cuando cuestiono todo el sistema médico-psiquiátrico-farmaceútico.

Tras dos intensos meses llenos de todo tipo de experiencias y con dos ingresos y dos altas, mis conclusiones son:

El personal psiquiátrico es en general un personal mal preparado, sobre todo el recién formado (y muchos que llevan muchos años también), con simples mecanismos de actuación: cada síntoma o enfermedad se trata con una o un grupo de pastillas.

Sin embargo, esto podría dar lugar a posturas antipsiquiátricas  extremistas (como cuando yo mismo empecé el blog) que conllevan un grave riesgo.

La medicación puede ser un aliado de la psicoterapia. De la misma forma que una herida en la piel puede curarse con una pomada, las heridas del sistema nervioso pueden aliviarse con un principio activo; pero requieren de otro tratamiento más sutil y de la misma naturaleza que algunos de los mecanismos que originaron el trastorno o herida; es decir tratamientos psicológicos.

Decir que los "enfermos mentales" somos enfermos es ya una barbaridad, como ya he dicho, en la mayoría de los casos, porque la mente no es ningún órgano tangible. En todo caso podríamos ser enfermos del sistema nervioso o del cerebro. Pero decir que la "enfermedad mental" es crónica y que requiere medicación de por vida es una atrocidad comparable a un holocausto simbólico o a un sometimiento del "enfermo mental" al sistema, controlado desde la intimidad de la familia y la educación de la sociedad.

Muchos "enfermos mentales" se ven incapacitados para independizarse de aquellos que en mayor o menor grado de complicidad e ingenuidad han confiado en los criterios de los médicos.

Es duro, pero que muy duro, que un familiar confíe tanto en la medicación, cuando probablemente, ese mismo familiar ha sido negligente desde su inocencia en el pasado. El "enfermo" es acosado moralmente y culpado de dejar la medicación en momentos de desesperación.

Esta vía puede ser muy peligrosa, ya que no se trata de dejar de tomar caramelos, sino sustancias que interfieren con la química del cerebro y de todo el sistema nervioso.

Pienso que la mayoría de los "enfermos mentales" deberían ser tratados con psicólogos clínicos y que los médicos psiquiatras son demasiado pretenciosos al  pensar que disponen de "posiones" con las que manipular el cerebro y la mente humana, reparando lo que ni siquiera saben qué.

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