lunes, 6 de junio de 2011

Mi historia (II)

La primera parte acababa conmigo totalmente deprimido después de haber saboreado la libertad de la euforia y una vez estabilizado haber sido ingresado y forzado a tomar medicación abusiva en Febrero de 1998. Con la Ziprexa primero y el Risperdal después, llegué a pesar casi 100 kilos, midiendo 1.75 m. No tenía ganas de hacer deporte ni de levantarme por las mañanas. Dejé de ir al instituto hasta el curso siguiente en que repetí el último curso antes de la universidad (el COU). Empecé terapia con un psiquiatra psicoterapeuta que costaba un dinero importante a mis padres (ellos siempre quisieron lo mejor para mí, pero...). Este psiquiatra me redujo la medicación gradualmente. Cuando empecé el curso comencé a recuperar el ánimo. Se me permitió volver a escuchar la música de Ozzy Osbourne (mi madre me había escondido los discos y sólo cuando el médico lo creyó oportuno se me dio permiso para volver a escucharlos, aunque me sabía la letra y la música de memoria).

Durante ese curso aprobaba con las máximas calificaciones con poco esfuerzo. Conocí compañeros fantásticos con los que ya casi no mantengo contacto, en parte por las depresiones posteriores (siempre causadas por los internamientos o la medicación más que le pese a los psiquiatras que me quieren hacer ver que eran naturales), que te hacen alejarte de todo el mundo.

Llegué a la selectividad pletórico de ánimo. Las "heridas" de hacía año y medio parecían curadas. No se me ocurrió entonces que lo pasado año y medio atrás volvería a repetirse. la verdad es que durante todas mis depresiones, parte de mí deseaba volver a estar eufórico y siempre he confiado en que esa euforia podía ser el preludio de  un crecimiento personal sin necesidad de llegar a una depresión. Durante las euforias las sensaciones son muy intensas y difíciles de describir.  Sientes que la vida te sonríe y hay motivos tangibles para pensarlo (al menos en mi caso). Además, en mi caso va siempre acompañada de un gran estado de forma.

En la selectividad lo pasé bien. Al haber repetido curso y tener buena media en el bachillerato, pude relajarme y sacar la nota que necesitaba para entrar en medicina (aunque luego dejara esa carrera nada más empezar). Cuando acabó la selectividad (Junio de 1999) sentí un gran alivio. Un año antes había visto con envidia sana como todos mis compañeros la hacían y estaban ya en la universidad. Con estos compañeros seguía manteniendo contacto, aunque poco a poco estos contactos fueron diluyéndose.

Llegaba el verano y por fin volvería a disfrutar de la piscina, la playa, el descanso, el deber cumplido. Pero nada de eso llegó con calma. A los pocos días después de la selectividadquedé con amigos del curso anterior y del nuevo para cenar y celebrar el final de la selectividad. Me rei mucho con ellos y bebí algo de alcohol (un par de tintos de verano) ya que no tenía nada de medicación.

Uno o dos días después se jugaba la final de la copa del rey de fútbol en Sevilla. quedé con amigos para ver el ambiente en el parque del Alamillo. Llegué un poco antes y di una vuelta alrededor del estadio. Vi como en una de las entradas repartían algo. Me acerqué y vi que se trataba de acreditaciones para personal eventual que trabajaría en los bares del estadio. Pasaron lista y quedaron algunos a los que no había nombrado. Estos les decían el nombre al encargado y éste les hacía sobre la marcha las acreditaciones. Cuando acabó con estos preguntó si faltaba alguien sin la acreditación. Entonces dije -¡yo!- y así pude colarme y ver el partido. Esto era lo que me faltaba para alimentar mi ego. Acababa de terminar la selectividad y ahora conseguí colarme en la final. Al día siguiente, sin haber podido dormir, salí de casa con un balón de fútbol dispuesto a llamar a cualquier amigo para jugar en algún parque. Como era natural, todos dormían (era domingo por la mañana). Entonces me dirigí al centro de Sevilla y me puse a darle pelotazos a la giralda en la Plaza del Triunfo. Después corrí con el balón por toda la ciudad dándole patadas mientras oía como la gente comentaba la habilidad con que lo conducia por las calles, haciendo paredes con bordillos y coches.

Por la tarde fui al club (la piscina) donde jugué al fútbol con los niños pequeños y lo pasé genial. Por la noche decidí darme un regalo y fui a cenar en solitario a una hamburguesería cerca de la catedral. Iba escuchando música de Ozzy Osbourne con un "walkman". Entonces fue cuando me convencí a mí mismo de que hacía año y medio podría haber "cogido el tren" que me llevara a ser futbolista profesional (hoy sigo pesándolo, con matices). Me derrumbé y me puse a llorar en la hamburguesería. El dueño muy amablemente me trajo una jarra grande de agua.

Llegué a casa casi al amanecer con la preocupación de mis hermanos y abuela (mis padres estaban de viaje) que no estaban acostumbrados a que yo trasnochara ni mucho menos en bañador.

Me acosté y dormí un poco. Al día siguiente volví a la piscina.En un descuido perdí el balón de fútbol. Pensé que me lo habían robado, auque después pensé que el conserje pudo cogerlo creyendo que estaba abandonado. El caso es que acusé a un chaval de unos 16 ó 17 años de ser el ladrón y le quité su balón. Hubo un forcejeo y tirones de camiseta sin llegar a las manos.

Ya en casa, con mi hermano mayor muy nervioso como era natural por todo lo sucedido esos días me di una ducha. Estuve un buen rato ya que necesitaba agua fría después de haber estado al sol en la psita de futbito. Mi hermano me pedía que saliera ya para cenar y yo me negaba pidiéndole más tiempo. La discusión por esta estupidez se acaloró y yo terminé dando berridos como un hombre lobo que se escucharon en todo el barrío y yo diría que más allá. Mi hermano llamó a mi psicoterapeuta y a una ambulancia y entro a la fuerza en la ducha y me sacó; después de una pelea en que nos agarramos por el cuello. Al final yo terminé ingresado y se repitió la historia (como más adelante); es decir, medicación abusiva forzosa, ingreso involuntario, ataduras a la cama, etc.

Estuve todo el verano deprimido. Empecé la carrera de medicina, pero no tenía fuerzas para ello. La dejé en una semana y decidí que el curso siguiente empezaría la carrera de física. En ese tiempo me dediqué a acudir a telleres de psicoterapia y a sacar el carnet de conducir. El siguiente "brote" sería en 2002. Continuará...
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