sábado, 11 de junio de 2011

La historia del día de ayer (el 10 de Junio de 2011) (parte 1)

Hoy (11 de Junio) me dolía todo el cuerpo al levantarme de la cama. Ayer fue un día muy completo. Me levanté a las 7 y media de la mañana y me puse un chándal y unos botines reebock blancos pijillos. Salí a la calle y compré pan (dos vienas y un mollete), leche, un paquete de galletas, una cebolla y una cabeza de ajo (me gusta hacerme el sofrito para los espaguetis). Volví a casa (dentro de 4 días me mudo a otra) y me preparé el desayuno: un mollete tostaíto con aceite de oliva virgen extra oleoestepa, tomate natural y un poco de ajo "refregao". Complementé con un par de galletas de coco y un vaso de leche puleva.

Una vez repuestas las pilas (a las 8 y cuarto), dudé entre salir con la bici un poco o ir al club deportivo y cultural privado del que soy socio para aclarar un asunto antes de ir a la facultad.

-¿Qué asunto?

Pues resulta que hace tres semanas (en torno al 15 de mayo, recuerdo que era el día de luna llena) estuve "tirándole los tejos" a la monitora de natación de los niños del club. Para ello, intenté llamar su atención e hice extravagancias o payasadas tales como jugar con una pelota de fútbol dentro de la piscina (sin dar pelotazos, que conste). Alguna mente privilegiada (oséase, un socio cualquiera de ese club) pensó que lo que yo estaba haciendo suponía una amenaza para no sé quién ni por qué. Porque resulta, que esa mente no se dirigió a mí y me explicó que lo que yo hacía no era oportuno (que lo admito) sino que se acercó al conserje y anónimante, hizo acopio de valentia, y le susurró su preocupación.

La cosa no acaba aquí. Hace doce años (cuando yo tenía 19 años) tuve un encontronazo con otro chaval acerca de una pelota de fútbol que me habían quitado (ver la entrada Mi historia (parte 2)). Bien; pues desde entonces mi padre, con todo su amor, ha advertido a determinadas mentes privilegiadas de ese club de que ante cualquier mínima salida de tono por mi parte en ese club, él (mi padre), sea avisado inmediatamente. Y fue así como cuando yo intentaba decirle a esta chica lo mucho que significaba para mí, mi padre y mi hermano mayor (9 años mayor que yo) hicieron acto de aparición para, con todo su amor, mantenerme bajo control y en un momento dado llevarme a un ingreso involuntario en una planta de psiquiatría (lugar peor que una cárcel, lleno de almas desamparadas por la conciencia de la sociedad).

Tras este lapsus, sígamos con la historia del día de ayer.

-¡Vale!, sigue, que estaba interesante.

Pasé por el club y hablé con uno de los conserjes...
...

Sugue en     parte 2

No hay comentarios:

Publicar un comentario