martes, 7 de junio de 2011

En el límite del bien y del mal.

En las películas de Hollywood suele haber un bueno y un malo (por no hablar del 99.9% de las películas y dibujos para niños). La religión inventó a Dios y al demonio y les dio papeles bien definidos (el héroe es el amigo de Dios y el villano es el amigo del demonio).

Algunos individuos se entregan a la maldad justificándose en la maldad que paradójicamente el bien les ha hecho. Es decir, que el simple hecho de creer en la bondad genera despojos malvados que han de recurrir a la confesión o la expiación de sus faltas para volver al club de los buenos.

Aunque algunos creen haber superado el infantilismo religioso y se vanaglorian de no creer en nada, la verdad es que en el fondo, o muy en el fondo, de sus cabezas sigue existiendo una dicotomía entre buenos y malos cuyo origen no se remonta al origen de ninguna religión, sino al origen mismo del ser humano como animal con instintos o como ser supremo de la creación. En el primer caso las armas del bien y del mal eran las garras y los zarpasos (como una camada de leoncitos que juegan y se pelean; o una camada de humanos...) y en el segundo las armas fueron hechas de metal y finalmente de palabras; algunas elegantemente depositadas por Dios en libros sagrados.

Tanto como animal como como ser racional, el ser humano ha sentido instintos como la venganza o el odio que se han considerado negativos en muchas culturas y más en las más modernas. Estos instintos se han marginado por el supuesto bien de la mayoría y del propio individuo.

Entonces tuvieron que aparecer leyes y jueces y canónicos y religiosos para que las civilizaciones pudieran prosperar, a costa de obreros; y esclavos que no eran ni siquiera considerados personas, y en la actualidad a base de "mileuristas". El alejamiento de estos estamentos respecto de la mayoría de los individuos siempre terminó generando tensiones que acabaron con estas sociedades prósperas (también la guerra entre pueblos).

En definitiva, pretender establecer unas pautas de conducta o unos valores es inútil y solo puede estar enfocado, después de tantos intentos fallidos, a obtener poder, control y placer por parte de una minoría que no es consciente de lo enferma que está.

Como diría aquél, "I just believe in me".

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